ESO
El ciclo volvía de nuevo. Y Eso sentía algo que no le gustaba sentir nunca.
¿miedo?
Eso odiaba el miedo; si pudiera le arrancaría las entrañas y lo devoraría, pero no podía.
¿osaran de nuevo desafiarle?¿a él? Él que había creado un lugar a su imagen y semejanza.
Derry era su corral de matanza, su comedero, sus habitantes, su ganado.
Hanlon, el ultimo de los Perdedores originales, el ultimo de los que le habían hecho daño, sin duda reunirá otro grupo de Perdedores.
Que lo hiciese, primero los volvería locos y después los devoraría y sorbería el tuétano de su huesos.
El que le preocupaba era el otro.
El forastero.
El forastero era un elemento nuevo en el juego.
Eso sentía odio.
Odio por tener que preocuparse por la carne. Por que eso eran para él las personas.
Ganado. Su ganado.
Pronto, muy pronto, arrancaría sus corazones aún palpitantes y los devoraría.
Y después volvería a ser todo suyo.
Volvería a alimentarse, y a ser el todo.
Sí, pronto, muy pronto....
domingo, 25 de febrero de 2007
DOLOR DE UN HOMBRE
eh hecho para ustedes los visitadores un cuento muy corto y espero que les guste:
DOLOR DE UN HOMBRE
El hombre bajó a la calle. Caminó despacio, mascullando sus pensamientos mientras andaba en dirección a ninguna parte. Se sentía perdido, resquebrajado, aunque la maquinaria que daba vida a su cuerpo aún lo desconocía. Lloraba por dentro, que escuece más. Gritaba sin ser oído, dañando su garganta.Las piernas le movían hacia delante; sus brazos, colgados a ambos costados, sin nada a que agarrarse; y la vista, olvidada su función, se encontraba a cada instante con los recuerdos más dolorosos.El dolor era continuo. Crecía en su interior presionando el estómago, se retorcía alrededor de la traquea, impidiéndole respirar, agotándole. Escocía, y había forma de evitarlo.El mundo se había caído, arrastrándole con él y dejándole vacío a un mismo tiempo. Un segundo había bastado para ponerle cabeza abajo, haciendo negro lo blanco y borrando el resto de colores.Se preguntaba constantemente porqué le había tocado, cual había sido su error. Las respuestas llegaban solas, lo que le hundía más en el cieno que sentía crecer contra su voluntad. Odiaba a todos, pero sobre todo se odiaba a si mismo. El sabía que era el único culpable.
DOLOR DE UN HOMBRE
El hombre bajó a la calle. Caminó despacio, mascullando sus pensamientos mientras andaba en dirección a ninguna parte. Se sentía perdido, resquebrajado, aunque la maquinaria que daba vida a su cuerpo aún lo desconocía. Lloraba por dentro, que escuece más. Gritaba sin ser oído, dañando su garganta.Las piernas le movían hacia delante; sus brazos, colgados a ambos costados, sin nada a que agarrarse; y la vista, olvidada su función, se encontraba a cada instante con los recuerdos más dolorosos.El dolor era continuo. Crecía en su interior presionando el estómago, se retorcía alrededor de la traquea, impidiéndole respirar, agotándole. Escocía, y había forma de evitarlo.El mundo se había caído, arrastrándole con él y dejándole vacío a un mismo tiempo. Un segundo había bastado para ponerle cabeza abajo, haciendo negro lo blanco y borrando el resto de colores.Se preguntaba constantemente porqué le había tocado, cual había sido su error. Las respuestas llegaban solas, lo que le hundía más en el cieno que sentía crecer contra su voluntad. Odiaba a todos, pero sobre todo se odiaba a si mismo. El sabía que era el único culpable.
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